Buenos días, querido lector. A lo largo de la vida vamos tejiendo vínculos: algunos nos sostienen, otros nos desgastan sin que apenas nos demos cuenta. Hay relaciones que, lejos de nutrirnos, nos vacían. Nos dejan cansados, confundidos, con la sensación de haber dado demasiado y recibido muy poco. Elegir vínculos que no drenen no es un acto de egoísmo, es un acto de amor propio. Significa escuchar a tu cuerpo cuando se tensa, a tu corazón cuando se encoge y a tu energía cuando se apaga tras ciertos encuentros. Hay personas que siempre llegan con problemas, exigencias o juicios, pero nunca con escucha, respeto o reciprocidad. Un vínculo sano no te roba la paz. No te obliga a justificarte constantemente ni a minimizar lo que sientes. Un vínculo sano te permite ser, expresarte, descansar. Te suma claridad, no culpa. Te acompaña, no te ata. Aprender a elegir mejor también implica soltar. Soltar la necesidad de agradar, de salvar, de sostener lo insostenible. No todos los lazos están hechos...