Buenos días, querido lector; Desde pequeña aprendiste a escuchar a todos menos a ti. A la familia, a la escuela, a la cultura, a las expectativas, a los “deberías”, a las opiniones ajenas. Poco a poco, entre tanta voz externa, la tuya se fue apagando… no porque fuera débil, sino porque no le diste espacio para hablar. Esa voz interior sigue ahí, paciente, constante, fiel. La callaste para sobrevivir, para encajar, para no molestar, para no decepcionar. Pero nunca dejó de intentar guiarte. Esa voz interior no te juzga: Te recuerda lo que realmente quieres. Te señala lo que ya no te hace bien. Te muestra dónde te estás traicionando. Te susurra el camino que tu alma sí reconoce. Aprendiste a ignorarla cuando: elegiste lo que se esperaba, no lo que deseabas, buscaste aprobación por encima de autenticidad, callaste intuiciones que luego resultaron ciertas, te alejaste de lo que te hacía vibrar, tuviste miedo de engañar a alguien. Pero esa voz… siempre vu...