🎄CUANDO EN NAVIDAD SE REABREN HERIDAS QUE CREÍAS CERRADAS
Buenos días, querido lector;
Hay heridas que parecen dormidas.
No duelen en el día a día, no interfieren, no gritan.
Pero llega la Navidad… y algo se remueve por dentro.
Un comentario.
Una ausencia.
Una mesa compartida con silencios antiguos.
Y de pronto, esa herida que creías superada vuelve a latir.
No es que hayas retrocedido.
Es que hay contextos que activan memorias emocionales profundas.
Fechas cargadas de expectativas, de “debería”, de escenas repetidas que el cuerpo recuerda aunque la mente haya aprendido a seguir.
En Navidad no solo nos reunimos con personas.
Nos reencontramos con roles, con versiones pasadas de nosotros mismos, con carencias no resueltas.
Con el niño o la niña que una vez esperó algo que no llegó.
Por eso duele más.
No por lo que está ocurriendo ahora, sino por todo lo que se acumula detrás.
A veces la herida no es nueva, solo vuelve a abrirse porque nunca fue del todo atendida.
Se cerró en falso, con silencio, con comprensión forzada, con frases como “ya no importa” o “eso ya pasó”.
Pero el cuerpo no olvida lo que el alma no pudo expresar.
Si en estas fechas te notas más sensible, irritable o triste, no te juzgues.
No es debilidad.
Es conciencia emergiendo.
La Navidad no obliga a estar bien.
No exige perdón inmediato ni sonrisas auténticas a la fuerza.
También puede ser un espejo que te muestra qué necesita aún cuidado.
Escuchar esa herida no significa quedarte en ella.
Significa darle el espacio que nunca tuvo.
Quizá este año no se trate de celebrar como siempre,
sino de tratarte con más suavidad,
de poner límites,
de permitirte sentir sin disfrazarlo.
Sanar no es no sentir nunca más.
Sanar es saber qué hacer cuando vuelve a doler.
Recibe un abrazo desde el corazón y acuérdate de compartir.
💛💛💛💛
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