Buenos días, querido lector; El amor propio no es solo una sensación bonita, no es una frase inspiradora, no es una imagen cuidada en redes. El amor propio es una frontera, una línea invisible que marca hasta dónde sí y hasta dónde no. Sin fronteras saludables, el amor propio se diluye, te adaptas de más, callas de más, cedes de más y poco a poco, te pierdes. Una frontera saludable no es un muro, no es frialdad, no es indiferencia, es claridad. Es saber qué es aceptable para ti y qué no lo es. Es reconocer cuándo algo te duele y no minimizarlo. El amor propio como frontera significa que no todo entra, no todas las palabras, no todos los comportamientos, no todas las exigencias. No porque seas rígida, sino porque te respetas. Las fronteras no alejan el amor verdadero, alejan lo que no sabe cuidarte. Cuando empiezas a poner límites, quizá incomodes, quizá decepciones, quizá cambien algunas relaciones, pero también empieza algo nuevo: Te eliges. El amor propio no es cerrarte al mundo, es ...