Buenos días, querido lector. Hay aprendizajes que no llegan en forma de palabras, sino de silencios, de gestos, de miradas que incomodan. Así es como muchas personas aprenden que pedir es molestar. Aprendes a arreglártelas sola, a no necesitar demasiado, a no hacer ruido con lo que te falta, a resolver antes de incomodar. No porque no tengas necesidades, sino porque aprendiste que expresarlas tenía un coste: rechazo, impaciencia, indiferencia. Cuando creces con esa idea, pedir se llena de culpa. Te disculpas antes de hablar. Minimizas lo que necesitas, y muchas veces, renuncias a pedir del todo. Pero pedir no es exigir, no es abusar, no es cargar a otros con tus carencias. Pedir es vincularte, es permitir que el otro elija, es reconocer que no tienes que poder con todo sola. El problema no es que pedir moleste, el problema es haber aprendido a desaparecer para no molestar. Sanar este aprendizaje implica darte permiso para ocupar espacio, para necesitar, para expresar sin justificarte t...