Buenos días, querido lector; Muchas personas creen que poner límites es un acto de egoísmo. Pero en realidad, poner límites es una de las formas más profundas de amor propio. Nos cuesta decir “no” porque desde pequeños aprendimos que agradar era más importante que escucharnos. Aprendimos a callar para evitar conflictos, a soportar para no decepcionar y a ceder para sentirnos aceptados. Con el tiempo, muchas personas terminan acostumbrándose a vivir pendientes de las necesidades de los demás mientras ignoran las suyas propias. Y aunque por fuera aparenten fortaleza, por dentro sienten agotamiento, frustración y una profunda sensación de vacío. Poner límites no significa dejar de amar. Significa dejar de abandonarte. A veces decimos sí cuando queremos decir no porque tenemos miedo: miedo a que se enfaden, miedo al rechazo, miedo a sentir culpa, miedo a perder vínculos, o incluso miedo a parecer “malas personas”. Pero cuando nunca ponemos límites, el mensaje que enviamos al mundo es pelig...