Buenos días, querido lector; Hay personas, momentos y decisiones que no se quedan…, pero dejan huella. No siempre es algo visible. A veces no se puede explicar. Pero está ahí, en tu forma de sentir, de reaccionar, de mirar la vida. Porque todo lo que has vivido te ha ido moldeando. Incluso aquello que creías haber superado. Incluso lo que pensabas que ya no importaba. La huella no siempre es dolor. A veces es aprendizaje. A veces es una cicatriz que ya no duele… pero que te recuerda quién eres. Hay miradas que no se olvidan. Palabras que te acompañan durante años. Gestos que, sin darte cuenta, cambian tu forma de relacionarte. Y también hay ausencias…, que se convierten en presencia interna. Porque cuando alguien se va, no siempre desaparece. A veces se transforma en memoria, en lección, en parte de tu historia. Lo importante no es evitar las huellas. Eso es imposible. Lo importante es qué haces con ellas. Si las conviertes en peso…, o en sabiduría. Si las usas para cerrarte…, o para c...